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Urogallo (Tetrao urogallus) |
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Nombre común: |
Urogallo | |
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Nombre científico: |
Tetrao urogallus | |
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Orden: |
Galliformes | |
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Familia: |
Tetraonidae | |
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Longitud: |
60-88 cm | |
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Envergadura: |
110-50 cm | |
| Estatus: | Vulnerable |
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Descripción |
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Se trata de un ave de gran tamaño y notable dimorfismo sexual. El macho puede llegar al metro de longitud y los cuatro kilogramos de peso. La hembra, en cambio, no suele superar los setenta centímetros de longitud y los dos kilogramos de peso. El urogallo macho es un ave de color oscuro, con plumaje negruzco que adquiere reflejos de un verde metálico en el pecho, abdomen pardo a negruzco con manchas blancas, alas largas y pardas y cola ancha que despliega con orgullo en la exhibición nupcial. Sobre el ojo destaca el rojo de su ceja carnosa, la carúncula. El pico es de color marfil y por debajo se dispone un penacho de pelos a modo de barba. La hembra es más pequeña y menos contrastada que el macho, de tonos pardos, moteada por encima y rojiza por el pecho. Ambos sexos disponen en las patas de escamas orientadas lateralmente que amplían la superficie de apoyo, adaptación útil para caminar sobre superficies nevadas. El urogallo es un ave de ámbito boreal, abundante en la Península de Escandinavia, los países en torno al Mar Báltico y Rusia, donde se han descrito diferentes subespecies que varían en tamaño y colorido. La colonización de la península ibérica debió realizarse durante las glaciaciones del Würm. Tras la retirada de los hielos, permanecieron aisladas en los bosques cantábricos y pirenaícos pequeña poblaciones relícticas que han evolucionado hacia dos subespecies diferentes: Tetrao urogallus aquitanicus, presente en Los Pirineos, y T. urogallus cantabricus, más pequeña, de tonos más claros y de pico más corto. La evolución diferencial de ambas especies parece deberse a los diferentes ambientes que ocupan: bosques de coníferas en el caso de la raza pirenaica y bosques de haya o roble en el caso de la cantábrica. |
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Hábitat |
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Durante el invierno, los bosques de coníferas ofrecen cobijo y alimento a los ejemplares de la raza pirenaica. En cambio, en la Cordillera Cantábrica, el bosque caducifolio constituye un ambiente extremadamente hostil. Por ello, la supervivencia invernal de la población depende del abrigo que ofrecen el acebo, el tejo o los pinos de repoblación, especies todas ellas perennifolias cuyos brotes y hojas constituyen una parte sustancial de la dieta invernal de la especie. Se ha descrito a menudo la íntima dependencia de tupidas acebedas en las que el ave pasa los periodos más fríos del invierno, dejando como evidencia importantes acúmulos de estiércol. En la primavera se inicia el periodo de celo, que se prolonga hasta el mes de junio. Entonces, los machos acuden a los cantaderos, lugares utilizados año tras año y que deben reunir una serie de peculiares condiciones. Generalmente se sitúan en la parte alta de la ladera, en áreas con arbolado de buenas dimensiones y pequeñas zonas aclaradas. |
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Reproducción y nidificación |
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La época de celo comienza en marzo , llega a su apogeo en los diez últimos días de abril y termina en mayo. Desde los árboles, los gallos lanzan al amanecer su potente reclamo para llamar la atención de las hembras. La cópula se realiza en el suelo y los machos se dispersan enseguida, sin participar en la incubación ni en la crianza de la prole. La nidificación suele realizarse bajo matorrales y la puesta consiste en siete u ocho huevos que son incubados durante unos veintisiete días. Tras la eclosión es frecuente que la hembra conduzca la pollada hacia áreas de matorral que ofrecen mayor protección. |
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Alimentación |
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En el periodo estival las aves pasen gran parte del día sobre el suelo, alimentándose no sólo de material vegetal, sino también de todo tipo de invertebrados: arácnidos, coleópteros, hormigas, etc. Llegado el invierno, sin embargo, las aves retornan a una dieta principalmente vegetal y a una vida más arborícola. |
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Estatus y distribución |
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Según Orden de 9 de julio 1998 está catalogada como “”vulnerable”. La población nidificante en España se ha estimado en algo más de mil ochocientas parejas que sufren una acusada regresión. En Los Pirineos se calcula la presencia de una población estable de unos setecientos machos, distribuidos principalmente por Huesca y Lérida, más escasamente en Navarra. La población cantábrica parece ocupar uniformemente la cordillera, desde el borde occidental de Asturias a Cantabria. Los censos realizados en 1983 arrojaban unos resultados de casi trescientos machos en Asturias, casi doscientos cincuenta en León, algo más de veinte en Lugo y Cantabria y sólo tres en Palencia. Entre las áreas en que la población se encuentra en mejor estado deben citarse el extremo suroccidental de Asturias y las masas forestales del Parque Natural de Redes. Sin embargo, en los últimos años el declive parece haberse acentuado. Entre las causas principales de la regresión debe citarse el furtivismo, la predación de las puestas por parte de una crecida población de jabalí y la progresiva destrucción de los hábitats adecuados producida por el venado. |
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Fotos |
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